El Movimiento Regeneración Nacional, convocado por Andrés Manuel López Obrador, se encuentra en una circunstancia singular que, sin embargo, era previsible dados los fundamentos sobre los que descansó desde el principio.
Conforme se aproxima el proceso electoral federal se han hecho presentes tendencias a una creciente burocratización y a una centralización de decisiones que poco tiene de democrática. Esto se ha traducido en la aparición de una oleada de candidaturas impresentables integradas por ex priístas de lealtad más que dudosa, como es el caso de Manuel Bartlett en Puebla. MORENA está en peligro de seguir los pasos del PRD, y la responsabilidad será múltiple.
La prisa por ganar votos y sostener el ímpetu del movimiento está llevando a decisiones desastrosas que sólo pueden justificarse con la vieja consigna de que hay que ganar primero la elección federal y luego arreglar todo lo que se tenga que arreglar. Pero ante lo que ocurre esto no es más que un garlito que mal encubre una deriva burocrática ante la incapacidad manifiesta de los cuadros de MORENA para hacer política democrática.
La verticalidad del MORENA y su rechazo a la teoría son dos lastres de origen que representan la desconfianza de los dirigentes hacia sus propias bases, cuando la verdadera desconfianza debería dirigirse hacia los ex priístas y burócratas infiltrados. Ambas tendencias a la verticalidad y a la burocratización constituyen otros tantos avances de la derecha en el seno del movimiento popular, y no meramente en sentido figurado, pues acaba por implicar el remplazo de los cuadros verdaderamente de izquierda por personeros de los partidos de derecha o por cuadros de la alta burocracia, cuyo ejemplo más acabado es la camarilla de Camacho y Ebrard, cuyos agentes tienen ahora las principales posiciones en el DF y han entrado en la campaña de AMLO, lo que sólo puede deparar una infiltración aún más acentuada en los meses por venir.
Esto demuestra a las claras que el mero rechazo a la política partidaria tal y como se hace en los partidos de izquierda no conduce automáticamente a hacer algo mejor en una organización ciudadana, pues la cuestión se refiere a cómo se combina la experiencia, los métodos y la teoría. Imbuir todo esto en el MORENA es la tarea de las verdaderas fuerzas populares de izquierda y particularmente de los marxistas, quienes precisamente no deben albergar consideraciones hacia los errores de los cuadros de MORENA y menos aún de frente a las bases de MORENA.
Ninguna consideración táctica priva a los marxistas de realizar una labor política contraria a los intereses de las burocracias del PRD y sus corrientes y del MORENA; la caracterización del MORENA como el movimiento más avanzado no puede significar una sanción de su carácter vertical y crecientemente burocratizado.